sábado, 20 de octubre de 2012

Historia de una foto

Es mediodía del 19 de octubre, falta un día para los dos años del asesinato de Mariano Ferreyra. Estamos a bordo de un tren del Mitre, en Belgrano R. La formación detenida hace largos minutos. No se trata de cortes de vías de precarizados, ni de material que se resiste a rodar, ni de fallas en el suministro eléctrico. Son apenas Ariel y Tamara, dos chicos jóvenes, dos músicos que buscan ganarse la vida cantando en los trenes. Cantan una canción de Las Pastillas del Abuelo. Cosechan aplausos y monedas, algún billete de dos. Pero no todos aplauden, no le gusta a todos lo que ellos cantan. No cantan una canción boba, como el músico que pasó antes por el vagón y los fue a botonear al guarda. Somos muchos cantando, hacé algo. Y ahí tenemos, otra vez, a una patota de ferroviarios (dos guardas y el jefe de estación) asistidos por un policía ante la formación detenida que no se moverá de ahí si los chicos no se bajan. A un día de otro aniversario de Mariano. Para tocar acá hay que pedirle permiso al guarda, pibes. Y los chicos la tienen clara: no necesitan ningún permiso y no se van a bajar. La patota busca aliados y los encuentra rápido entre algunos pasajeros miserables que juzgan que mejor que llegar tarde al laburo es soportar la arbitrariedad de que alguien obligue a unos simples pibes a no hacer lo que no tienen prohibido. Otros pasajeros apoyan a los chicos. La patota quiere apurar el trámite y el que en la foto señala con el dedo con cara de yo no hice nada, forcejea con Ariel, el de barba, y lo quiere sacar a la fuerza. El policía mira. Aparece un abogado que se interpone y dice que los chicos no pueden ser detenidos ni bajados del tren, son pasajeros. Ariel le grita sus derechos y sus verdades al patotero. Abajo, vemos apenitas la cabeza de Tamara que dice que no se quiere bajar, que tiene miedo de quedarse en el andén con los ferroviarios luego de ese incidente. Los que están apurados por llegar al laburo, trabajadores como Ariel y Tamara, les dicen que se bajen, que no les va a pasar nada. A un día de otro aniversario de Mariano. Va media hora de tren detenido, nadie ceja, pero ya no se intenta violencia contra los chicos: un cordón de solidaridad los va protegiendo de la patota, del policía y de los egoístas que increpan. Un pasajero miserable da la clave de todo esto: Tocá música, si querés, pero no vengas a hacer política al tren. A un día de otro aniversario de Mariano. El tren cierra sus puertas con los músicos adentro y reanuda la marcha. Triunfa la resistencia, pero también parece que no hemos aprendido nada. A un día de otro aniversario de Mariano.

1 comentario:

MC. Operador Visceral dijo...

Lo terrible del fascismo:
"La patota busca aliados y los encuentra rápido entre algunos pasajeros miserables que juzgan que mejor que llegar tarde al laburo es soportar la arbitrariedad de que alguien obligue a unos simples pibes a no hacer lo que no tienen prohibido."

... lo terrible del fascismo es que convierte a la perversidad en algo aceptable y necesario y así logra que unas personas comunes y corrientes adhieran y colaboren con los modos brutales y autoritarios so pretexto de tener que ir a alienarse vendiendo su fuerza de trabajo.